2019/08/23

IN MEMORIAM. MATÍAS RIVERA


IN MEMORIAM. MATÍAS RIVERA

En los años 80 la Federación Vizcaína de Montaña publicó el libro “Gorbea”, que venía a ser una reedición del excelente clásico escrito por Sabin Apraiz en 1950. Coordinado por Jesús de la Fuente, no se limitó a repetir el contenido del original, sino que lo amplió con varios capítulos dedicados, entre otras cosas, al pastoreo, a los monumentos megalíticos y a la espeleología.

Este último apartado aparecía firmado por un tal Matías Rivera, y desde que cayó en mis manos, al poco de publicarse, aquellas 16 páginas ejercieron sobre mí una poderosa atracción, la misma que había sentido al acercarme a las oscuras bocas de Itxina. Más allá de la penumbra inicial, todo era un misterio para el simple mendizale que yo era por aquel entonces. El propio Matías escribía “los espeleólogos somos reacios a escribir en publicaciones no especializadas en estudios subterráneos, pero en esta ocasión por tratarse del Gorbea nos ha impulsado a hacerlo una razón puramente afectiva y personal, al tratarse de la zona donde comenzamos a desarrollar nuestra actividad espeleológica”.

No conocí a Matías hasta muchos años después, pero en mi caso, él formaba parte también de ese particular universo afectivo, inspirador de una afición como la espeleología. Fue en 2016 cuando, preparando la parte histórica del libro sobre la Torca del Carlista, lo entrevisté y tuve la ocasión de comprobar su gran calidad humana. Era una persona extremadamente educada, un gentleman de la espeleología que puso a mi disposición todos sus recuerdos. Hablamos de sus inicios en Matiko, en el grupo TBM, de su actividad en la Unidad Alpina de la Cruz Roja, en el CAS, en el GAES… Me facilitó sus diarios de exploraciones, sus topografías, en papel cebolla de la época, sus fichas de instalaciones, etc. Y todo cuidadosamente elaborado, demostrando una  dedicación que solo puede explicarse desde la pasión que alguien como él tuvo en aquellos años 70 y 80 por la espeleología.

Al conocer la noticia de su fallecimiento he sentido una gran tristeza. Ahora, no he podido evitarlo, recuerdo sus palabras acerca de la situación extrema que vivió en enero de 1976 en la Torca del Carlista, cuando quedó suspendido en el inmenso vacío cabeza abajo, colgado de un pie, sin nadie de apoyo ni abajo ni arriba, en la campana, puesto que su único compañero de expedición esperaba mucho más arriba sin saber nada. “¿Quieres que lo publiquemos, Matías?, le pregunté. Me respondió, amable como siempre “Adelante, no hay ningún problema”. E inmediatamente me confesó “… pero tengo que decirte que aquello me cambió la vida, fue como volver a nacer, desde entonces siento mucho más todas las cosas de la vida… pero eso no hace falta que lo pongas…”. Releo con emoción su diario “… son 20 minutos angustiosos, estoy muy agotado, falto de ideas, y veo a la muerte que me acecha…”. Cuando luego consiguió sobreponerse, llegó su compañero fuertemente impresionado por aquel ambiente, ya que era la primera vez que descendía una sima, pero Matías decidió no preocuparle. Leo en su diario “… debo sobreponer mi angustia y animar al compañero. Debo conservar la moral de los dos a un nivel aceptable…” y le dijo “no ha sido nada, solamente un mal nudo que me ha costado mucho soltarlo”.

Ese era Matías.

Sit tibi terra levis.



Josu Granja

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